“El carnicero del mercado me come con los ojos”, se denuncia venezolana

Carnicero peruano le regala ricas lonjas de bistec a la chama, pero ello teme que su marido se entere.


No sé cómo contarle a mi esposo que el carnicero del mercado La Aurora me afana. Ya van cinco veces que, cuando fui a comprarle un poco de pecho, me regaló unas ricas lonjas de bistec. “Esto es para que no pierdas la figura y estés durita”, me dijo la última vez.

Hasta ahora no me ha propuesto nada, pero cada vez que me ve, se le salen los ojos, me sonríe y ya imagino lo que quiere. Yo le recibo la carne regalada porque lo que gana mi esposo como repartidor de delivery no alcanza para darle de comer a mi hijito, de cuatro años y con buen apetito.

Desde el año pasado vivimos en un edificio de la avenida Tacna, donde también tenemos problemas para pagar el alquiler de un cuartito. En Caracas ya tenía problemas con los hombres por ser caderona. Un día un sujeto se me abalanzó en el Metro y otro me quiso manosear en el bus.

Con esa experiencia, y por tener una familia integrada, apenas llegué a Lima decidí usar ropa ancha para ocultar mis curvas. Así he pasado piola, como dicen acá, pero desde que empecé a ir al mercado de nuevo me sentí observada, y era por este vendedor de carne que, dicho sea de paso, tiene un puesto grande.

El carnicero parece buena gente, pero me da miedo cuando me habla con su enorme cuchillo en la mano. Ya tiene sus años y parece que le gusta el trago porque varias veces le he sentido el tufo, pese a la distancia que hay cuando le compro. ¿Qué hago? ¿Se lo cuento a mi marido?

MI CONSEJO

Mejor quédate callada. Tu esposo puede armar un escándalo o una pelea, pero si el carnicero no pasa de hacerte ojitos, sigue recibiéndole la carne regalada. Hasta que no te toque, no pasa nada.


¡Compartir con tus amigos!