El plan de Alberto Fujimori para que su hija Keiko gane la segunda vuelta y sea presidenta del Perú


Alberto Fujimori ha preparado la estrategia que su hija deberá seguir en la segunda vuelta. El plan lleva el título “Rescate y Reconstrucción 2021” y plantea la unión del Perú frente a “la amenaza del comunismo”. La recomendación paterna es que ella mantenga los brazos abiertos mientras otros miembros del partido se encargan del trabajo sucio.

Keiko Fujimori, la hija mayor del dictador Alberto Fujimori, parece estar dispuesta a todo para no perder la elección por tercera vez consecutiva.

Asesorada por su padre, que cumple 25 años de cárcel por corrupción, homicidio y secuestro, la lideresa de Fuerza Popular ha trazado ya la estrategia de polarización en búsqueda del triunfo en segunda vuelta.

La apuesta fujimorista de “todos contra Pedro Castillo” era previsible. Sin embargo, el plan de Fuerza Popular para ganar el balotaje apunta a abrir la cancha, mostrando esta vez una careta más amable. Keiko Fujimori propone, ahora, conformar una coalición política, una suerte de gran fuerza de choque “anticomunista” situada más a la derecha que al centro, para enfrentar a la izquierda radical representada por su contendiente Pedro Castillo Terrones, del partido Perú Libre. En el imaginario naranja Keiko Fujimori ha dejado ya de ser el “mal mayor”.

Luis Galarreta Velarde, candidato a la primera vicepresidencia y secretario general de Fuerza Popular, es el personaje encargado de entablar diálogos y plantear acuerdos con diferentes actores políticos. “Consenso de unidad con el país, con la gente, no solamente para que no gane esta extrema izquierda que tiene influencias de Evo (Morales), de la gente de Venezuela”, adelantó Galarreta a “Exitosa”. “Nosotros queremos, además de defender el modelo (económico), hacer este gran consenso con personalidades, con gente que quiera al país y se sume. No es necesariamente un acuerdo partidario”, afirmó el excongresista.

Es una idea que, por ahora, está expresada únicamente en el papel. Es cierto que ya hubo un primer acercamiento de Luis Galarreta con Avanza País, de Hernando de Soto, y con Renovación Popular, de Rafael López Aliaga, en la búsqueda de un acuerdo para consolidar un frente de las derechas contra la izquierda, una alianza pro-mercado, neoliberal y de mano dura, pero no hay nada concreto por el momento.

Aun con la estadística a su favor, el escenario no se presenta fácil para la “señora K”. Sumando toda la votación de la derecha en primera vuelta, Fujimori alcanzaría el 36,6 % de los votos. De tal manera que Keiko Fujimori apuesta por llegar a consensos con otros partidos, como Alianza para el Progreso, de César Acuña, y Podemos Perú, del investigado por corrupción y lavado de dinero José Luna Gálvez, con quienes tiene más coincidencias que discrepancias. También con un sector de la derecha conservadora de Acción Popular que optó por no respaldar al candidato acciopopulista Yonhy Lescano en primera vuelta.

El discurso central para seducir a estos electores es que con la izquierda radical el Perú se convertirá, irremediablemente, en Corea del Norte. Este mensaje quedó plasmado en la conferencia de prensa ofrecida por Keiko Fujimori el miércoles último. “Propongo generar riqueza y no pobreza, propongo promover la micro, pequeña, mediana y gran empresa, no estatizarla. Propongo que el Perú sea un país del primer mundo, no Corea del Norte. Propongo un modelo de economía social de mercado, no el marxismo ni el comunismo”, aseguró la “señora K”.

La candidata de Fuerza Popular, sin embargo, es consciente de que necesita los votos del centro para ganar la elección. Por ese motivo, una estrategia fundamental en su campaña de segunda vuelta es la de presentarse como una candidata religiosa que lee la biblia, moderada, conciliadora, que ya aprendió de sus errores y que no duda en pedir disculpas a aquellos candidatos a los que atacó en primera vuelta. Una mansa paloma que rechaza la confrontación y apuesta por el reencuentro del país, mientras que sus socios políticos se encargan de ejecutar el trabajo sucio de “terruquear” a su competidor Pedro Castillo.

Fujimori se enfundó este disfraz el miércoles último en el local de Fuerza Popular, en Paseo Colón, pero dejó al descubierto el fustán de la impostura. Como si el país no tuviese memoria alguna, la hija de Fujimori habló sin inmutarse de acabar con el odio, la venganza y el enfrentamiento que ella misma desencadenó durante los últimos años.

“No es tiempo de violencia, es tiempo de diálogo. No es tiempo de odio, es tiempo de paz. No es tiempo de enfrentarnos, es tiempo del gran reencuentro nacional”, arrulló Fujimori. En su renovado discurso, los aportes ilegales a sus campañas electorales precedentes, la sociedad política que mantuvo con el investigado por lavado de dinero Joaquín Ramírez, los vínculos con la organización criminal “Cuellos Blancos del Puerto” y el prófugo juez César Hinostroza, la obstrucción permanente al gobierno de Pedro Pablo Kuczynski a través de un batallón fujimorista en el Congreso, las graves acusaciones de la Fiscalía y el sabotaje al Equipo Especial del “caso Lava Jato” deben quedar atrás, en el olvido.

“Lo que les propongo es que nos acerquemos en vez de alejarnos, que perdonemos en vez de atacar”, continuó Fujimori, en un claro llamado a los candidatos que no pasaron la primera vuelta. “No se trata de Keiko, de Hernando, de Ollanta, de Verónika, de Yonhy, no. Aquí se trata del país que queremos dejarle a nuestros hijos. Y, claro, hay para elegir entre dos modelos totalmente opuestos. Está claro que nunca la izquierda radical ha estado tan cerca de tomar el poder”, argumentó.

Keiko Fujimori supone que el papel de “concertadora” la ayudará a sentarse en la mesa con Victoria Nacional e, incluso, con el Partido Morado en busca de los votantes de centro que rechazan al fujimorismo, pero que muestran pavor por un ultraizquierdista como Pedro Castillo.

No será una tarea sencilla. El equipo de campaña de George Forsyth, encabezado por Rennán Espinoza, ya tuvo una primera aproximación a Vladimir Cerrón, el sentenciado líder de Perú Libre. Y en el Partido Morado están dispuestos a cerrarle la puerta en la cara a la hija de Fujimori. “Por ahora nosotros no vamos a conversar con nadie de Fuerza Popular”, afirmó un vocero de dicha agrupación a esta revista.

La campaña fujimorista para despertar el rechazo hacia el rival y seducir al 70 % del electorado que no votó por Fuerza Popular está en marcha.

Y en este escenario juega un papel importante el patriarca Alberto Fujimori, quien asesora desde su cárcel dorada a la candidata presidencial. Miembros de Fuerza Popular revelaron a este semanario que Alberto Fujimori le ha aconsejado a su hija replicar la estrategia de campaña que lo llevó al triunfo en la segunda vuelta de 1990. Es decir, salir a las calles y recorrer el país de punta a punta en búsqueda del voto popular.

El expresidente también le ha pedido a Keiko Fujimori no subestimar a Pedro Castillo y, muy por el contrario, la ha conminado a estar pendiente de todos sus movimientos. “Si Castillo se sube a un caballo, tú súbete a un tractor”, le habría dicho a su hija, según un dirigente del fujimorismo.

Keiko Fujimori, por lo pronto, ya presentó un nuevo pedido ante el juez Víctor Zúñiga Urday para que se le permita viajar al interior del país como parte de su campaña por la segunda vuelta electoral. En la actualidad la lideresa de Fuerza Popular tiene libertad con restricciones, lo que le impide salir con normalidad de Lima, debido a la investigación que se le sigue por lavado de activos, organización criminal y obstrucción a la justicia. El fiscal José Domingo Pérez, del Equipo Especial, ha solicitado 30 años de cárcel para la candidata presidencial.

La presencia del expresidente en calidad de consejero de Keiko Fujimori no es una sorpresa para los integrantes de la cúpula de Fuerza Popular. De hecho, en un video difundido en noviembre del año pasado, en plena pandemia, el exministro de Salud y virtual congresista electo de Fuerza Popular Alejandro Aguinaga Recuenco ya había adelantado que, “con el apoyo y experiencia de nuestro presidente injustamente preso y bajo el sólido liderazgo de Keiko, vamos a volver a reconstruir nuestro país. Ha llegado la hora del gran reencuentro fujimorista”. El plan elaborado por Fujimori desde la prisión se titula “Rescate y Reconstrucción 2021”.

¿Esta estrategia de rescate será suficiente para que la candidata de Fuerza Popular se lleve la victoria en segunda vuelta con cierta facilidad? Los expertos consultados por este semanario consideran que no.

“Los fujimoristas se han alegrado de que Keiko haya pasado con Castillo a segunda vuelta, pero no creo que sea tan simple como para decir que toda la derecha se unirá para que ella gane. Los grupos más de derecha extrema no son tan mayoritarios. Aquí se van a mezclar muchos otros factores”, manifestó a esta revista la socióloga Patricia Zárate, investigadora principal del Instituto de Estudios Peruanos (IEP).

En teoría, algunos seguidores del economista de derecha Hernando de Soto podrían terminar decantándose por Fujimori. Pero los electores del ultraconservador Rafael López Aliaga difícilmente votarán en bloque por la candidata del fujimorismo. “De hecho, muchos de los seguidores de López Aliaga podrían seguir a Castillo porque ambos comparten un discurso más confrontacional. Keiko no la tiene fácil”, argumenta Zárate.

“Si el fujimorismo se confía y sigue radicalizando su discurso, yo creo que le hará un favor a Castillo”, acota el investigador y catedrático de la Universidad de Lima Hernán Chaparro. “Uno de los motivos por los cuales Castillo creció y llegó al primer lugar, dentro de los márgenes tan pequeños de cada candidatura, se debe en parte a que la agenda que impuso López Aliaga radicalizó y afectó la campaña. Uno de los grandes beneficiarios con el discurso polarizador de López Aliaga fue Castillo. Si eso no lo entiende el fujimorismo, le irá muy mal”, señala.

Según el analista político y periodista Juan de la Puente, ni los votos de la derecha ni los de la izquierda serán suficientes para definir al ganador de la segunda vuelta. “La idea de las coaliciones es la de procurar una mayoría que sea cómoda y suficiente para ganar. El giro conservador no es suficiente para una victoria. Y, del mismo modo, tampoco es suficiente el voto contestatario para producir una alternativa de gobierno. Me parece que en una segunda vuelta con números tan bajos de votos ninguno la tiene fácil”, indica De la Puente.

Desde Chota, en Cajamarca, el candidato de Perú Libre Pedro Castillo apostó por una polarización política y social, por una batalla entre ricos y pobres, entre el patrón y el peón, entre el interior del país versus la capital, y entre la corrupción que encarna el fujimorismo y la justicia.

Asesorado por Vladimir Cerrón, el fundador y dueño de Perú Libre,

el docente declaró que no cambiará su discurso ni firmará una hoja de ruta, como lo hizo Ollanta Humala en el año 2011, porque “sería ir contra mis principios y contra el mismo pueblo”. Sin embargo, ha invocado a los empresarios peruanos a que apuesten por su candidatura “sin temor” y les ha ofrecido “seguridad jurídica y potenciales económicos”. “Hemos puesto en agenda la revisión de contratos con las empresas transnacionales y vamos a dar prioridad a las empresas nacionales, a la economía de la patria”, declaró Castillo.

El candidato reveló que ya se ha comunicado telefónicamente con portavoces de Renovación Popular y Avanza País. Con RP la tendrá difícil después de que López Aliaga declarara en tuíter que su partido “no apoyará al señor Castillo”.

El candidato de Perú Libre informó también que la próxima semana dialogará con “personal de Juntos por el Perú”, el partido de izquierda liderado por Verónika Mendoza, así como con otras organizaciones.

Mendoza ya adelantó que “con el fujimorismo no podemos ir ni a la esquina”, aunque Juntos por el Perú todavía no toma una decisión partidaria sobre si respaldar o no a Pedro Castillo en segunda vuelta.

“Creemos nosotros que está en juego la salida, el desenlace a la crisis. Y sólo hay dos caminos: una salida autoritaria, representada por el fujimorismo, y una democrática y constituyente. Se puede configurar una salida en este sentido si es que las fuerzas del cambio se articulan y tienen claridad programática”, manifestó a esta revista Álvaro Campana, secretario general de Nuevo Perú. “Estamos evaluando colectivamente y también esperando conversar con Perú Libre”, dijo.

En Victoria Nacional se libra una pugna porque, a pesar de que Rennán Espinoza y otros dirigentes del entorno de Forsyth apuestan por un respaldo a Pedro Castillo, el presidente de ese partido, Jhon Fernández, señala que todavía no se ha tomado un acuerdo final.

“La campaña para nosotros ya terminó porque, lamentablemente, Forsyth ha quedado en noveno lugar. El señor Forsyth y el señor Espinoza son militantes del partido. No tienen ninguna autorización para dar declaraciones a favor de uno o de otro candidato. Esa es una decisión partidaria”, aclaró Fernández en diálogo con este semanario.

Hasta ahora, según Hernán Chaparro, las intervenciones de Castillo apuntarían a mostrar a un candidato dialogante, menos cerrado en sus ideas. Y abierto a conversar también. “Creo que está buscando dar un mensaje que lo saque de esa imagen más estereotipada de radical, aunque asumo que estas conversaciones, si se producen, se van a dar como una negociación sindical. Castillo se ha preocupado en contrarrestar una sobrerreacción de las personas que nunca entendieron qué pasó durante la primera vuelta”, afirma Chaparro.

Para algunos analistas la base popular del fujimorismo, con cierta presencia en las zonas rurales y en los estratos socioeconómicos D y E de Lima y el norte del país, le daría cierta ventaja a Keiko Fujimori.

Pero plantear una segunda vuelta a través de una polarización entre la derecha y la izquierda, como ha esbozado “madame K”, sería un error.

“El fujimorismo está planteando mal la cancha”, señala Chaparro. “Las preguntas importantes son: ¿este candidato es como yo?, ¿va a defender mis intereses? Es una elección de identificaciones sociales, no ideológicas. Patricia Zárate, del IEP, coincide con esta lectura. “A la gente no le interesan los planteamientos serios ni las hojas de ruta.

Le interesan los discursos que apelen al “yo soy como tú”, “yo te entiendo”, “la salud no debería ser un privilegio”, “la educación, menos”. Castillo es un maestro rural y conoce estos problemas de cerca. Keiko Fujimori no puede decir lo mismo”, sostiene Zárate.

El miedo al extremismo de izquierda será un actor importante de esta segunda vuelta, sobre todo en las clases medias altas de Lima, aunque Zárate no cree que afecte la candidatura de Pedro Castillo. “¿Qué miedo va a tener la gente que no tiene nada?”, se pregunta.

En cambio, el antifujimorismo se ha reactivado y amenaza la campaña de Keiko Fujimori por tercera vez consecutiva. “En la primera vuelta Keiko pasó por debajo del radar antifujimorista porque esta corriente no estaba activada. Keiko no era una amenaza para nadie porque su porcentaje de votos era muy bajo. Pero ahora que está en el escenario, con todas las luces puestas sobre ella, no es de extrañar que todo el sentimiento antifujimorista, que no sólo es de centro, vuelva a jugar un rol importante”, argumenta Hernán Chaparro.

En las elecciones del 2011 y el 2016 el antifujimorismo impidió la victoria de Fujimori frente a Ollanta Humala, primero, y frente a Pedro Pablo Kuczynski, después. Ahora, paradójicamente, la hija de Alberto Fujimori, que es acusada de lavado de dinero, crimen organizado y obstrucción a la justicia, aspira a presentarse como el “mal menor”.

Si ahora el elector busca al candidato, ¿importa lo que pueda ofrecer la lideresa de un partido que, en las elecciones presidenciales del 2016, le mintió descaradamente al país al comprometerse a no alterar el orden democrático y a ser drástica en la lucha contra la corrupción, respetando la independencia de poderes? Los analistas creen que no.

“En la medida que Keiko Fujimori represente el statu quo, en momentos en que el país está en crisis sanitaria, moral y económica, tendrá menos probabilidades de influir en los electores. Es ella la que tiene que argumentar un reconocimiento de errores, a ver si le creen”, subraya Hernán Chaparro. “En este contexto quien simboliza, eventualmente con pocos argumentos, la foto de cambio es Castillo. Él tendría más bien que ampliarse un poco para avanzar”, manifiesta.

El analista político Juan de la Puente avizora una segunda vuelta compleja, donde ninguno de los candidatos la tiene fácil para ganar por tres factores: la capacidad de endose es prácticamente nula, hay fraccionamiento del voto y polarizaciones cruzadas. Y tanto Keiko Fujimori como Pedro Castillo suscitan resistencia en los electores.

Keiko Fujimori apuesta por una mano dura que reivindica descaradamente al gobierno de su padre y consejero, el reo Alberto Fujimori, a quien ha prometido indultar de llegar al poder. La candidata de Fuerza Popular, además, está en contra del enfoque de género, el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto. En esa misma esquina se coloca Pedro Castillo, quien se ha manifestado en repetidas ocasiones en contra del matrimonio igualitario y el enfoque de igualdad de género en el currículo educativo escolar. “El mundo de las libertades, el centro político y los movimientos sociales esperan de él una apuesta clara contra la derecha y contra cualquier forma de autoritarismo político y moral”, sostiene Juan de la Puente.

En estas elecciones, según el analista, hay dos países electorales: uno que vive más las elecciones y que está concentrado mayoritariamente en Lima y otro, sumido en la crisis por el covid-19.

Fuente: Hildebrandt en sus trece


Like it? Share with your friends!