Los perdedores de las elecciones 2021: Guzmán, Salaverry, Forsyth, Acuña, Ollanta, Beingolea

Julio Guzmán ya era presidente del Perú en Twitter, pero qué pasó con su campaña y partido político.


El obituario de estas elecciones tiene nombres preclaros: Julio Guzmán, George Forsyth, Marco Arana, Ollanta Humala, Daniel Salaverry, César Acuña y Alberto Beingolea. Todo un variado (y provisional) cementerio.

Verónika Mendoza se enteró de los resultados a boca de urna en el avión, regresando de Cusco a Lima. Cuando aterrizó esquivó a la prensa. Julio Guzmán escuchó el primer flash que anunciaba su desahucio político en casa, en compañía de su jefe de campaña Jonathan Reynaga. Y George Forsyth supo de su debacle en su departamento en Magdalena, donde se recupera del covid. Los partidos ahora son un cementerio de reflexiones, por donde deambulan Marco Arana, Ollanta Humala, Daniel Salaverry, César Acuña y Alberto Beingolea, enterrador del PPC.

“NO LE PERTENECE A NADIE”

En la tienda de Juntos por el Perú vuela el fantasma del 2016. Reconocen que de la experiencia con Gregorio Santos no aprendieron nada. El sentimiento es compartido entre la cúpula del partido y las bases: dieron por hecho la conquista del sur y se concentraron en el electorado limeño. Al final se quedaron sin uno ni otro.

“El electorado peruano demuestra una vez más que no le pertenece a nadie, ni siquiera el más radical e impugnatorio”, dice el jefe de campaña de Juntos por el Perú, Álvaro Campana.

“Considerábamos que éramos expresión de ese sector que impugnaba el modelo del régimen político instaurado por el fujimorismo hace 30 años. Entonces nuestra preocupación estuvo en ampliar ese abanico”, agrega.

Entre las bases, principalmente de provincia, se cree que el partido tuvo un “discurso demasiado limeño”. “Cometimos el error del 2016, fuimos muy profusos en plantear propuestas que no necesariamente conectaban con el sentir de la gente, ese mal humor que la gente sentía”, añade Campana.

En el partido de Verónika Mendoza apuntan también al juego sucio y a Pedro Castillo como puntos en contra. “Hemos tenido una contracampaña permanente, demoledora. Un periódico nos dedicó portadas durante semanas. Era una campaña de terruqueo y de que íbamos a generar un escenario parecido al de los años 80. Quizás debimos responder de otra manera”, dice el candidato a la vicepresidencia José de Echave.

Las bases de provincia de JP alertaron la subida de Pedro Castillo desde finales de enero, pero el peligro fue subestimado y la mirada se fijó en Yonhy Lescano. “A lo largo de toda la campaña hemos tenido una marcación a presión si lo vemos futbolísticamente hablando. Nunca nos perdonaron nada, nunca nos dieron un centímetro para crecer. Mientras que la candidatura de Castillo creció al margen sin mayor ataque”, dice Campana.

Reconocen, también, que su discurso no conectó con buena parte de la población.

“La ciudadanía votó con un factor de desencanto y el partido no empató con ese desencanto”, dice Roberto Sánchez, presidente de Juntos por el Perú.

La duda filosófica que nadie se atreve a responder es qué hubiera pasado si hubieran mantenido la alianza con Perú Libre.

“GOBIERNO MORADO”

En las filas del partido de Julio Guzmán, el candidato más golpeado en los resultados, achacan el desastre del 2,2 % al gobierno de Francisco Sagasti. Fuentes del partido explican que cuando la aprobación de Sagasti cayó a 21 puntos en enero pasado los morados acudieron a su primer velorio.

“Nos han dado duro con el actual presidente, más allá que nosotros siempre dejamos en claro que no éramos gobierno”, dice Flor Pablo.

Entre las bases del partido hay malestar por la ineficaz gestión del presidente Sagasti.

“Siento que el accionar del gobierno de transición y emergencia jugó en contra nuestra y que no se pudo manejar. La etiqueta de Gobierno Morado jugó en nuestra contra”, dice Jonathan Reynaga, jefe de campaña de Julio Guzmán.

En el partido también se entiende que el escándalo del incendio de Miraflores en el que se vio envuelto Guzmán fue un pasivo que no lograron sofocar. “Con eso se le prendieron de manera muy cruel. Beto Ortiz todos los días hacía su programa destruyendo la imagen de Julio y diciendo falsedades”, sostiene la congresista del partido Zenaida Solís.

“Yo he estado casi dos meses fuera de campaña, Julio cerca de un mes. Estuve internada. Esta enfermedad me dejó con 30 % menos de pulmón”, dice Flor Pablo. “Cuando Julio salió de la enfermedad ya estaban otros candidatos posesionados”, añade Solís.

Entre las autocríticas se recuerda la declaración del congresista Daniel Olivares reconociendo que fumaba marihuana, así como apoyar abiertamente propuestas sobre el enfoque de género que no acaban de calar en una sociedad, sea de derecha o de izquierda, fundamentalmente conservadora.

“A los adversarios les convenía etiquetarnos con esos temas. He pensado que esos son temas de conciencia, no de campaña. Meterlos en el centro de la campaña fue un problema. Pero es lo que defendemos”, dice Solís.

“Era muy difícil, por la pandemia, que la población escuchara propuestas que no eran populistas. Nosotros debimos y pudimos tener un mensaje más simple y menos técnico”, dice Jonathan Reynaga.

Un sector de bases de provincia, lideradas por la exjueza Carolina Lizárraga, considera que es tiempo de cambios en la dirección del Partido Morado. Es más, cree que Guzmán ya no debió postular.

GOLES QUE NO HACES

“Nos generó debilidad la poca estructura partidaria que teníamos”, dice Rennán Espinoza, jefe de campaña del partido Victoria Nacional. El candidato George Forsyth ha vivido, quizás, una de las caídas más dramáticas hasta virtualmente quedarse fuera de la valla electoral por 0,9 %. En Victoria Nacional la sensación es que Pedro Castillo los arrasó cual huracán.

“Nuestra propuesta era de un cambio de la clase política, la misma propuesta que ha hecho el señor Pedro Castillo, pero él lo hizo con unos ingredientes más duros, como el cierre de algunas instituciones. La población optó por esa dureza”, añade el congresista Espinoza.

En el partido del exarquero de Alianza Lima citan dos momentos críticos en que la candidatura cayó en picada. El primero, a mediados de febrero, cuando Forsyth cuidaba su exposición mediática. Y la última semana, al infectarse con covid. En el partido creen que de no haber caído víctima del virus, habría pasado, por lo menos, la valla.

EL PELOTÓN

Marco Arana se encuentra en su casa enfermo con covid. Se comunica por WhatsApp con los miembros de su partido.

“Nos ha faltado dinero, nos ha faltado planificación, las elecciones nos han agarrado en una crisis interna”, dice Lenin Checco, coordinador general adjunto del Frente Amplio.

En el partido reconocen que las disputas internas complicaron la situación durante las elecciones. Esta división se agravó cuando en noviembre del año pasado se alejaron del partido cuatro congresistas.

“Enfrentamos grandes problemas, algunos de orden interno: broncas, disputas en el partido”, dice el excoordinador nacional Jorge Aparcana.

Sin cohesión, las expectativas al arrancar la contienda eran únicamente superar la valla. Hasta el cierre de esta edición el resultado de la ONPE arroja 0,45 votos válidos para Arana, lo que da tan solo 63,303 votos.

“El partido es víctima de un ataque sistemático de los medios concentrados, ha sido una suerte de guerra fría de los años 2000. Se han encargado de estigmatizar, de excluir, de invisibilizar a Marco”, añade Checco.

Entre los dirigentes queda claro que cualquier posibilidad que hubiera podido tener fue barrida con la subida de Pedro Castillo. Finalmente, los pasó Humala, con 1,6% de votos válidos.

“Hay que reconocer que hemos fracasado en el intento de llegar al elector con la exposición de los logros evidentes de nuestro gobierno”, dice Alberto Otárola, candidato a la segunda vicepresidencia del Partido Nacionalista.

“Las personas han estado en estas elecciones más con el corazón y el hígado que con la cabeza por la situación económica, por la pandemia. Lo que nosotros hemos planteado ha sido una campaña racional, aplicable a una situación de normalidad”, añade Otárola.

Según el exministro de Defensa, desde el partido ya tenían detectada la subida de Pedro Castillo. “Hubo un momento de la campaña cuando Castillo y Ollanta tenían 3 %. Consultamos con algunos especialistas y nos anunciaron que iba a trepar uno de los dos. Esa era la percepción. Tuvieron razón: trepó Castillo”, dice.

Desde el partido de César Acuña, el secretario general de Alianza para el Progreso, Luis Valdez, dice que el objetivo que tenían planteado era pasar a segunda vuelta. El partido invirtió en publicidad 2 millones 413 mil soles.

“Las condiciones para hacer llegar las propuestas al ciudadano han sido adversas”, dice Valdez. Y añade: “Nadie tenía referenciado al señor Castillo. Sin su subida, según los análisis hechos, estoy convencido de que hubiésemos pasado a segunda vuelta. Hay un elector que compartimos”.

Desde Somos Perú, según el candidato al Congreso y vocero del partido Alejandro Salas, el exceso de confianza fue el principal error. “Las bases creyeron en el arrastre que podía generar una figura como el expresidente”, dice Salas. Pero tras el escándalo del “Vacunagate” se cayeron los sueños de una segunda vuelta.

“No hemos tenido mucho acceso a los medios para exponer nuestras propuestas. Todo lo que se decía sobre Somos Perú era por intereses de otros partidos políticos que buscaban dañar nuestra agrupación con situaciones políticas que venían desde el Congreso”, añade Salas.

El segundo objetivo del partido, formar una bancada fuerte, también fue un fracaso. Con 231,692 votos para Salaverry (1,6 %) y 6,4 % de votos para el Congreso tendrán, como mucho, cuatro legisladores, cifra que no alcanza ni para bancada propia.

“En el partido nos faltó una mejor estructura a nivel nacional para poder hacer llegar nuestro mensaje. Las bases que hemos tenido a nivel nacional no han sido tan sólidas como se esperaba. Hay que hacer un mea culpa desde el punto de vista organizativo”, añade Salas.

En la tienda de Alberto Beingolea, quien no logró sumar trescientos mil votos, dicen que no analizaron correctamente al electorado. “Creo que nos ha faltado mirar un poco lo que pasa en este otro Perú que nadie ve”, dice Karem Kraft, coordinadora nacional de dirigentes del PPC.

En la carrera al parlamento los candidatos del Partido Popular Cristiano suman poco más de 150 mil votos, golpeándose las pantorrillas con la valla electoral que los ha dejado fuera del tablero partidario. “Esa bendita historia de meterle miedo a todo el mundo terminó reventándonos en la cara como a muchos partidos”, dice Kraft. Y el temor “al voto perdido” terminó de epitafio del partido fundado por Luis Bedoya Reyes. Las llamadas que recibían en el partido repetían lo mismo: votaría por ustedes pero es un voto perdido. El resultado obtenido por el Partido Popular Cristiano ya se cobró la primera víctima: Alberto Beingolea renunció a la presidencia del PPC. No le quedaba otra.

Fuente: Hildebrandt en sus trece


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