Pedro Castillo: El plan macabro para el Perú del comunista y sentenciado Vladimir Cerrón


El plan de “Perú Libre” plantea el socialismo, la nacionalización de los recursos y un cambio radical de las reglas del juego. Se trata de un texto escrito por Vladimir Cerrón y publicado en febrero del año pasado, cuando Castillo no soñaba con salir del rubro “otros” en las encuestas.

El plan de gobierno de “Perú Libre” va al grano y sin anestesia. Retrata con crudeza las miserias socioeconómicas difícilmente refutables, fustiga a diestra y siniestra por igual y sobre esos escombros construye su oferta. Propone acabar con el neoliberalismo que “socializa pérdidas y privatiza las ganancias” y rescatar al “estado moribundo (…) de la dictadura del mercado” para confeccionar un nuevo contrato social en el que el estado sea el protagonista indiscutible. Setenta y siete páginas (y dos millones seiscientos sesenta mil votos) bastaron para poner patas arriba el tablero político en Perú y desatar una epidemia de insomnio en las “esferas del poder”.

De enfundarse la banda presidencial, Pedro Castillo llegaría con el compromiso explícito, al menos en papel, de aplicar los “ajustes drásticos” que requerirá poner en marcha “la maquinaria revolucionaria” cuyo objetivo último es una constitución que reconozca al Perú como un “Estado Plurinacional” de corte federado con capacidad para operar en los “sectores estratégicos” del país.

El texto que ha hecho que el establishment socioeconómico prepare la demolición del candidato no es un simple “plan de gobierno” redactado con prisas electoreras para cumplir con el trámite burocrático que exige la ley. De hecho, se editó y se imprimió en febrero del año 2020, meses antes de que se abriera el plazo para la inscripción de las candidaturas presidenciales.

Se trata, en realidad, de la presentación en sociedad del “ideario y programa” de Perú Libre, partido inscrito en el 2016, con 72 comités electorales repartidos por todo el país y más de 5,200 afiliados (sólo 2,000 menos que el fujimorismo). Su autor, el expresidente regional Vladimir Cerrón, se refiere al texto así: “Con este documento, cuando nuestros militantes lleguen al poder (…) sabrán diferenciar cuál es la misión del gobierno y cuál la del partido que, obviamente, son diferentes, porque mientras uno hace obras, el otro construye el espíritu popular”. Misiones diferentes y, a veces, abiertamente contradictorias.

En la página 23 “Perú Libre”, por ejemplo, argumenta a favor del aborto. “(…) Según las estadísticas mundiales, los países que han despenalizado el aborto lograron que el número de los mismos bajara; permitió salvaguardar la vida materna, redujo prácticas ilícitas (…) y evitó prácticas genocidas como la esterilización forzada (…)”, señala el documento. Pedro Castillo, el candidato presidencial, sin embargo, ha asegurado que en su eventual gobierno no se modificará la legislación que penaliza la interrupción del embarazo sin fines terapéuticos y aboga por la defensa del núcleo familiar tradicional.

“En el Perú los planes de gobierno interesan a los analistas, pero el votante no les suele prestar atención. Quizá ahora, en segunda vuelta, este programa sí va a ser escrutado y se van a subrayar incoherencias como la del aborto. Castillo va a requerir de estrategas que lo auxilien, cuadros importantes de la izquierda”, explica Gonzalo Banda Lazarte, analista político. Encontrar estrategas en el ámbito local no le va a resultar tarea fácil.

Perú Libre golpea con el mazo a la derecha, pero tajó el lápiz para referirse a la izquierda de “la capital”. En la página 8, por ejemplo, “cuestiona no sólo el centralismo forjado por los partidos de la derecha sino también la indiferencia de algunos partidos de izquierda capitalina que, con su neutralidad ‘democrática’, permitieron la consolidación del neoliberalismo”. Unos párrafos antes, acusa sin complejos a “la izquierda que solo vive de oponerse a cualquier iniciativa (…)” y que tras claudicar “a su misión histórica ha optado por el camino del empresariado bancario, laboral, ONG, etc., generando una vil traición al encargo popular”. Provocador, sí, pero el guion no es original. Álvaro García Linera, exvicepresidente de Bolivia, también fuente de inspiración en el ideario de Perú Libre, la llamó “izquierda de cafetín, deslactosada y perfumada que observa el fragor de los procesos desde el balcón (…) bien remunerada y que se horroriza del lenguaje guerrero y del olor de la plebe (…)”.

Repartiendo golpes en ambos bandos, “el plan de gobierno” se encamina al meollo del asunto: la carta magna. Perú Libre se compromete a terminar con la constitución del 93 por “mercantilista, individualista, privatista y entreguista”. Su destino es el panteón en el que yace la del 79 que, apostilla, defendía los intereses de la oligarquía.

Antes de las exequias, el documento somete a una autopsia los párrafos “lesivos” de la constitución fujimorista que atentan contra los intereses del país. Desfila el artículo 6°, que alienta la privatización de la salud, la educación y la seguridad; el 19°, que permitió la proliferación de universidades bamba; el 59°, que otorga libertad de empresa, comercio e industria, “que sólo benefició a los ricos”; el 61°, que da carta blanca a los monopolios, y el 62°, que prohíbe la revisión de los contratos-ley y –acota– es “la piedra angular del neoliberalismo” y “la madre de todos los saqueos”.

El texto se explaya en ejemplos y cifras. Apunta a los sectores minero, hidrocarburo, energético y comunicaciones. Lo hace con nombre y apellidos. La lista incluye a las mineras Southern Perú, Cerro Verde, Shougang, Gas de Camisea, ENOSA, Central Hidroeléctrica del Mantaro o Repsol. Y a todas les exige un ajuste de cuentas: sincerar las rentas y pagar más impuestos.

El puntillazo lo recoge el capítulo III. Ocho páginas en las que se describe cómo será el “nuevo régimen económico del estado”. “Deben revisarse todos los nefastos contratos-ley (…) Esta medida permitirá renegociar la proporción del reparto de utilidades en las que las transnacionales se quedan con el 70 % de las ganancias y el estado solo con el miserable 30 % (…). Planteamos invertir la proporción del reparto de utilidades, 20 % a favor de la transnacional y 80 % a favor del Estado”. Y añade: “Ecuador y Bolivia demostraron que bajo los gobiernos de izquierda esto es posible y viable”. En las zonas de influencia minera, Pedro Castillo Terrones, el intérprete de Perú Libre en estas elecciones, arrasó en las urnas.

El partido apuesta por la nacionalización de las inversiones. En el capítulo XVIII (“Sobre nuestra soberanía”) habla sin complejos de la “recuperación y administración total de los principales recursos estratégicos”. Grafica la propuesta con los ejemplos de China, Chile, Colombia, Ecuador, Malasia o Bolivia. Pero en este pelotón cuelan también países fracasados o dictaduras de vieja estofa: Cuba, Emiratos Árabes o Siria.

El programa para reformar la educación es un combo aderezado con salsa agridulce. Más infraestructura, una universidad pública por región, canje de acceso directo a estudios superiores por un año de servicio a las Fuerzas Armadas, becas universitarias son algunas de las propuestas. El azúcar se acaba de golpe y porrazo con “la derogación de la Reforma Magisterial” y la reposición de los maestros despedidos.

La oferta en Salud también apunta alto. Incluye más y mejor infraestructura, más logística, más personal, programas de salud familiar, atención de la salud mental en los colegios y un único tarifario para las clínicas privadas. Pero el motor de arranque se ahoga cuando apunta a un sistema de salud universal. “EsSalud atiende al 20 % de los peruanos y maneja un presupuesto equivalente al 10 % del presupuesto nacional anual. El Minsa atiende al 80 % de los peruanos y maneja sólo el 5 %”, argumenta. El plan es fusionarlos. Un terreno pantanoso al obviar que EsSalud es producto del esfuerzo de los trabajadores que sí contribuyen al fisco y que el Minsa es el parche estatal para atender a la población sumergida en la economía informal.

En Transportes el estribillo es conocido. Perú Libre ofrece una aerolínea de bandera, impulsar la comunicación terrestre en la costa con un tren bala y cobrarle hasta el último centavo de su deuda tributaria a LAN y Telefónica. En asuntos de comunicación suena la banda sonora de “Octubre Rojo”.

“El Grupo El Comercio tiene más del 60 % de los ingresos en el mercado, seguido por el Grupo ATV y Grupo Latina”, dice el programa de Perú Libre antes de enumerar la lista de medios de comunicación “de José Graña Miró Quesada”. Sobre la concentración de medios, afirma: “(…) Constituye un verdadero atentado contra la libertad de prensa, expresión e información, parcializando su comunicación en dependencia de sus intereses políticos, económicos, financieros, sociales, afectando (…) el derecho a la información ciudadana”.

Califica de “soborno” a la publicidad estatal y propone “democratizar” el reparto de la torta al estilo de Rafael Correa: 33 % para los medios privados, 34 % para la prensa alternativa y el resto para los medios estatales.

Y antes de lanzar un ataque furioso contra la Sociedad Interamericana de Prensa y las ONG de financiamiento extranjero, el texto advierte: “El socialismo no aboga por la libertad de prensa, sino por la prensa comprometida con la educación y la cohesión de su pueblo (…). La prensa comprometida con sus intereses económicos empresariales y financieros, cuando advierte la existencia de un enemigo, opta por atacarlo o invisibilizarlo de su agenda”. El problema es que antes de cerrar el capítulo, Perú Libre rinde pleitesía a Fidel Castro, el dictador que erradicó la libertad de prensa de la isla caribeña y condenó a su pueblo al diario único y a la televisión monocromática.

Para el agro lanza otro atado de promesas. Recuperación de tierras agrícolas, tecnificación, agua, financiamiento y recuperación de las márgenes fluviales invadidas. Empadronamiento de cocaleros y titulación de tierras. El capítulo marítimo lo salda disparando cañonazos contra Convemar por atentar contra “la soberanía, el lecho y el subsuelo del mar peruano”.

En materia laboral propone que un obrero nunca gane menos de veinte veces el sueldo de un jefe. Y se compromete a poner coto a las planillas doradas de los burócratas cuyos puestos y sueldos se detallan en el texto con prolijidad. Apuesta por la eliminación progresiva del Sistema Privado de Pensiones, al que califica de esclavista, y fortalecer la ONP.

La lucha contra la corrupción ocupa seis páginas. Le enrostra a Keiko Fujimori la lista de empresas que financiaron sus campañas electorales y lanza una batería de propuestas que incluyen simplificar los trámites administrativos, reorganizar el OSCE y echar cerrojo a las puertas giratorias. El objetivo, señala el documento, es acabar con los coimeados. La yapa es una “contraloría” que fiscalice a empresas privadas para acabar con “los coimeros”.

El colofón es una nueva constitución que permita una descentralización de corte federado. En el ojo del huracán, la recaudación tributaria. Actualmente el gobierno central recauda el 98 % de los impuestos y los municipios el 2 %. Perú Libre apuesta por dar a los gobiernos regionales rienda suelta para cobrar el 40 % de los tributos y a los municipios un 30 %. El resto (30 %) correría a cargo del Estado. Omite, sin embargo, un párrafo importante: la corrupción en los gobiernos locales y regionales. En diciembre pasado había 19 gobernadores y más de 1,300 autoridades locales encausadas por corrupción.

Las musas de Perú Libre son Evo Morales y Rafael Correa, mencionados explícitamente como ejemplos a lo largo de las 77 páginas. “A su favor el programa de Perú Libre tiene que el correísmo y el evismo llevaron estabilidad a sendos países”, explica el analista político Gonzalo Banda. Y añade: “El problema es que el texto parece redactado antes de la caída del muro”.


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